La médica cartagenera, Lilian Muñoz Marrugo, relata el suplicio que vivió tras ser diagnosticada como positiva para la Covid-19 en la capital del país. Se recuperó y ya se encuentra lista para seguir trabajando y tratar de salvar vidas.
 
Por JUAN CARLOS DÍAZ M.
 
Durante los ratos de lucidez total que tuvo la médica cartagenera, Lilian Muñoz Marrugo, en las dos semanas largas que estuvo hospitalizada al ser diagnosticada como positiva para la Covid-19, sus pensamientos recurrentes eran: la salud de sus tres hijos y lo cerca que tuvo a la muerte.
 
“No sabía si algunos de mis hijos, de 8, 12 y 17 años, estaban contagiados y pensaba que me estaban ocultando algo para no afectarme más de lo que estaba. Pensaba a cada rato: me voy a morir sin ver más nuca a mis hijos, y eso era muy fuerte”, recuerda.
 
Del resto no recuerda mucho y solamente ha logrado armar los rompecabezas que tenía en su mente repasando los mensajes de whatsapp que compartió con sus familiares más cercanos cuando podía o cuando su mente se despejaba del estado de inconciencia que mantuvo durante largos periodos de los días que estuvo internada.
 
Ni su música preferida: el rock, ni los suculentos platos costeños que tanto le gustaban pasaron por su mente.
 
“Fue una terrible pesadilla que demoró 15 días. Había cosas tan elementales como pararme de la cama para ir al baño que no podía hacer porque las fuerzas se me fueron y sentía mucho dolor”, afirma.
 
En medio de toda esa pesadilla que vivió la médica internista cartagenera, hubo dos días, en especial en los que pensó que abandonaría el mundo, y medio recuerda que se encomendó a Dios con todas las fuerzas que pudo sacar en su interior.
 
“Fue como en la segunda semana de estar hospitalizada cuando sentí que ya no podía más, respirar se me hacía doloroso, me asfixiaba y la mente se me iba, no podía articular ni una palabra, los músculos se debilitaron y para colmo me dio una diarrea que estuvo a punto de deshidratarme”, sostiene.
 
Y si para ella esos momentos fueron sumamente angustiosos, en otros sitios, sus familiares vivieron los quince días más ‘infames’ de todas sus vidas, tanto en la misma Bogotá como en la Costa Caribe.
 
La periodista Lorena Muñoz, hermana de Lilian, afirma que la pesadilla fue tan grande que, hoy, casi quince días después de que le dieron de alta, todavía llora al recordar esos aciagos días, sobre todo por el sufrimiento de sus padres que se encontraban en su vivienda en Turbaco.
 
“Yo no sabía qué decirles a mis papás que llamaban a cada rato. Ellos sufrían y lloraban por la impotencia de no poder viajar a ver a su hija. Ambos pasan de 70 años y no puede salir, así que me imagino esas 24 horas de suplicio que vivían”, dice.
 
CARTAGENEROS DE CEPA
 
La familia Muñoz Marrugo, conformada por Joaquín, el padre, Inés, la madre, y Lorena, Lilian y Alejandro, vivieron muchos años en el populoso barrio Blas de Lezo, de Cartagena, donde los hijos pasaron los años de infancia y de adolescencia.
 
Lilian, hoy con 43 años de edad, estudió bachillerato en el colegio La Esperanza, medicina en la universidad de Cartagena y se especializó como médico internista en la universidad Militar Nueva Granada. Actualmente realiza la especialidad de intensivista en la misma universidad militar.
 
Sobre la forma cómo se contagió con el virus que tiene en jaque a toda la humanidad, la trabajadora de la salud dice que no tiene ninguna certeza, pues lo pudo adquirir, tanto en los dos centros asistenciales donde labora o en cualquier taxi que la transportó.
 
Lo único cierto es que el pasado 19 de marzo, justamente en una reunión que sostenía con todo el personal médico del hospital Militar para organizar y ampliar el protocolo para enfrentar al coronavirus, se sintió mal y se tuvo que marchar para su casa.
 
En la noche se tomó la temperatura y ya tenía fiebre en 38 grados, así que al día siguiente avisó al hospital y le practicaron la prueba. A los 5 días le entregaron el resultado y fue cuando el mundo le cayó encima.
 
“Hay gente que ni si da cuenta que el virus pasó por su cuerpo, pero me dio a mí con toda la fuerza. En pocos días ya estaba muy postrada y mi recuperación ha sido lenta, sobre todo en el aspecto físico, porque aún no puedo caminar más de cinco metros cuando ya me siento fatigada”, advierte.
 
Y tampoco ha recuperado del todo los sentidos del olfato y del gusto. “Soy una tomadora compulsiva de café y lo he tenido que dejar, porque no me sabe a café, siento algo que no me gusta cuando he intentado tomarme uno, igual ocurre con el olor: yo reconocía de lejos a cada uno de mis hijos por el olor y ahora no puedo hacerlo todavía, pero sé que eso pronto lo volveré a hacer”, indica.
 
Lo importante, según ella, es que ya puede abrazar a sus hijos y, gracias al trance doloroso de esos quince días, supo que tenía familiares y amigos por quienes vale la pena seguir viviendo.
“Es como si toda la familia se hubiera unido en una sola voz, orando por ella, dándonos voces de aliento a todos nosotros que estábamos devastados. Fue muy hermoso saber que hay gente que le duele el sufrimiento de uno y eso ha sido una de las cosas positivas que dejó la enfermedad de mi hermana”, sostiene Lorena.
 
Lo que sí no ha sido de buen recibo, por parte de Lilian Muñoz, es el ataque infundado que ha recibido la misión médica en muchas partes del mundo, como si de pronto le mundo se hubiese puesto al revés y, en lugar de aplaudirlos por estar exponiendo sus vidas, muchas personas están denigrando de ellos.
 
“Me parece que aún hay mucha ignorancia en el mundo. Cómo van a discriminar, incluso a amenazar de muerte, a una persona que lo que está haciendo es poner el pecho para tratar de salvar a otra. Probablemente, esta persona que hoy es objeto de insultos, mañana puede ser el que le salve la vida o a un familiar”, subraya.
 
Por eso, esta aguerrida mujer, cartagenera de pura cepa, dice que ya está lista para ponerse de nuevo su bata y los vestidos sanitarios que exige el protocolo de seguridad, para atender a los pacientes enfermos con la Covid-19.
 
“Por lo menos, ya tengo experiencia del desarrollo de la enfermedad y puedo ayudar a que otro ser humano pueda seguir viviendo”, confiesa.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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