Martín Murillo, con su Carreta Literaria, tiene 13 años de estar llevando el ‘vicio’ de la lectura por toda Cartagena y el departamento de Bolívar. Ahora, durante la cuarentena, se ha valido de las redes sociales para continuar con su brega.

 

JUAN CARLOS DÍAZ M.

La palabra que mejor define a Martín Murillo, creador de la ya archifamosa Carreta Literaria, es constancia: duró más de 4 años leyendo, practicando audiciones y memorizando textos para iniciar la aplaudida labor de fomentar la lectura. Tiene 68 días, desde los inicios de la cuarentena, de estar leyendo, sin parar, cuentos a través de las redes sociales, y ya completó 13 años de caminar por la región, el país y otras naciones, llevando se ejemplarizante oficio.

Así de constante ha sido la vida de este chocoano que se vino a vivir a Cartagena con la ilusión de ser un comentarista de la NBA, pero que por cosas de las casualidades del destino terminó vendiendo agua por las calles del Centro Histórico de Cartagena y, por ese mismo designio divino, se convirtió en uno de los personajes más mediáticos del país, al intentar convertir lo que para muchos es aburrimiento en un dulce ‘vicio’: la lectura.

“Ante todo soy un promotor de lectura, a quien sólo le interesa que los niños, jóvenes, y hasta los adultos, sean unos afiebrados de los buenos textos, y lo único que hago es llevárselos a sus manos”, afirma.

Con sólo cursar el quinto de primaria y con un título de bachiller Honoris Causa de la institución educativa Olga González Arraut, este hombre nacido en Quibdó hace 52 años, ha recorrido cinco países, le ha dado la vuelta dos veces al departamento de Bolívar y ha visitado más de 50 barrios de Cartagena llevando su bandera lectora a colegios y a organizaciones sin ánimo de lucro.

En estos 13 años que lleva de haberse ideado la Carreta Literaria, dice que ha regalado más de 10 mil libros, ha prestado otros tanto y ha leído más de 20 mil textos.

“No me canso jamás de leer historias, porque eso es lo que hace que siga aprendiendo y es lo que me hace feliz”, señala.

Este ‘vicio’ de la lectura, que tenía incipiente cuando vivía en un cuarto de mala muerte en la calle de la Media Luna, al lado de prostitutas y borrachos, se le desarrolló más cuando Jaime García Márquez le dijo en la sede de la FNPI, que su hermano Gabito había llegado tan lejos porque era un devorador de libros.

En cierto sentido, afirma Murillo, las mismas prostitutas con quienes compartía residencia, lo obligaban a leer porque lo único que a ellas les gustaba era ver telenovelas y con alto volumen, así que no podía observar los partidos de la NBA que tanto le gustaban.

La Carreta Literaria de Martín Murillo ya se ha convertido en un símbolo en todo el país, y, junto al proyecto denominado ‘Biblioburro’, del profesor magdalenense, Luis Soriano, se han constituido en los ejemplos gratificantes que tiene Colombia en medio de tantas noticias de violencia, terror y miedo.

 

EL PRIMER ÁNGEL

A Martín Murillo lo conocí cuando era el simpático vendedor de aguas y refrescos, que recorrí el Centro Histórico de Cartagena ofreciendo sus productos, pero al mismo tiempo indagando por cualquier tema que estuviera en la palestra.

Siempre me pareció que este magro vendedor de bebidas heladas tenía más alma de reportero que muchos de los periodistas que habían cruzado, como flash, por la academia.

Indagaba por la política colombiana, por el fútbol rentado, por la música popular y, por supuesto, por su pasión: el baloncesto de la NBA.

Ningún turista se le escapaba de su interrogatorio, sin importar el idioma, y así fue conociendo amigos, personajes de la farándula, artistas callejeros y a las dos personas que fueron los ‘ángeles que Dios me puso en el camino’.

El primero de ellos fue Jaime Abello Banfi, cabeza visible de la FNPI y ahora del Centro Gabo, quien fue el primero que lo impulsó a cultivar la lectura como algo de su cotidianidad, y lo hizo porque le llamó la atención que este personaje, al tiempo que vendía agua aprovechaba sus ratos de descanso para leer libros como El hombre Duplicado, del español José Saramago.

Cuenta Murillo que todo se consolidó cuando Abello llegó de uno de sus viajes promoviendo talleres para periodistas de América Latina, y lo llevó a la sede de la Fundación, en la calle San Juan de Dios: era el 27 de mayo de 2003.

Allí escuchó la frase de Jaime García sobre la voracidad lectora de Gabo y allí Ricardo Corredor, director ejecutivo de la Fundación, le donó los primeros libros con los que iniciaría el proyecto que lo mantenido con ganas de vivir todos estos años.

También le dieron una libreta, que se convirtió en el diario donde registraría cada paso que daba hacia su sueño, desde los libros que leía hasta los resultados de los partidos de la NBA, la que estrenó el 27 de mayo con el siguiente texto:

“Hoy empecé a subir la montaña del saber periodístico con los mejores maestros. Solo el destino sabe cuándo debo llegar y hasta dónde debo llegar con paciencia”, fue lo primero que escribió. 

Efectivamente, conoció a los mejores maestros del periodismo en español y portugués, a esos referentes de reporteros aprendices y experimentados de toda la región. Como invitado a los talleres de la Fundación, que reunían a un selecto grupo de periodistas latinoamericanos en Cartagena, Martín se acercó al trabajo y a las lecciones de Carlos Monsiváis, Miguel Ángel Bastenier, Alma Guillermoprieto y Jon Lee Anderson. 

Durante varios años, Martín vivió en medio de lo que él llama ‘un mundo abstracto’. En el día repartía su tiempo entre la venta de agua, la lectura y las actividades de la Fundación, donde conversaba con periodistas y conseguía autógrafos de escritores. Cuando terminaba la jornada llegaba al hotel, donde era blanco de la curiosidad de las prostitutas y los borrachos:

“Me preguntaban qué me decían esos manes y me advertían que me iba a volver loco de tanto leer”.

 

SEGUNDO ÁNGEL

En el año 2007, en la época del Congreso de la Lengua Española y el aniversario 40 de Cien Años de Soledad, Martín ya se había convertido en un lector empedernido y en un conferencista sin miedo, gracias a las prácticas que hizo con su primer público: los hijos de la prostitutas de su residencia en la calle de la Media Luna.

Pero aún seguía como vendedor de agua y no lograba cristalizar tantas ideas que le daban vueltas por la cabeza y que tuvieron su clímax cuando el famoso reportero John Lee Anderson le dijo: “Martín, ¿y ahora qué sigue contigo?”.

‘Juancho’, el vendedor de jugos que se apostaba en la puerta de RCN, y Aroldo Peña, el camarógrafo de RCN Televisión, fueron las primeras personas que conocieron la idea que se le vino a Murillo durante los días del congreso literario y después de hablar con Anderson: conseguir un carro como el de los jugos, llenarlo de libros y llevarlo a los parques, escuelas y universidades para promover la lectura sin cobrar ni un peso. 

“¿Con qué plata?”, le preguntó Aroldo.

La respuesta apareció caminando por el andén, vestido de blanco como siempre, y entrando a su oficina, la sede del Concurso Nacional de Belleza. Como si lo hubiera craneado durante meses, Martín abordó al presidente del Concurso, Raimundo Angulo, su viejo amigo y cliente, y le contó la propuesta. “Oye, me gusta esa idea, yo te apoyo”.

Allí empezó una gran fiesta de las letras para el chocoano a quien nunca se le pasó por su mente que iba a estar sentado en la misma mesa con grandes figuras de la literatura  y el periodismo mundial, que iba a tener grandes aliados en la empresa privada, y eso lo impulsó a prepararse más y a estudiar sobre promoción de lectura, pedagogía, formulación de proyectos y uso de computadores. 

Ya su carreta, literalmente, se ha montado en aviones, ha paseado por medio país y ha sido fotografiada por cientos de profesionales y curiosos.

Hoy, en plena pandemia, y luego de impulsar un punto fijo de lectura en el barrio Paseo Bolívar, donde vive actualmente, se mudó para el mundo virtual.

“Mi sueño es que los jóvenes tomen la lectura como su gran ‘vicio’, que en lugar de empuñar armas tomen un libro, que si tienen que embriagarse que sea de letras y que si tienen una adicción sea la de leer, leer día y noche”, subrayó.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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