Por Juan Carlos Díaz

Salvo Basile llegó a Cartagena en el año 1968 como asistente del cineasta italiano Gillo Pontecorvo para filmar la célebre película ‘Quemada’, en la que también actuó al lado de Marlon Brando, pero el embrujo de la ciudad, su mar, el olor de sus mujeres, sus callejuelas enigmáticas fue tan grande que no tuvo fuerzas para marcharse.

Como hombre sensible al cine y al arte, y en la búsqueda de remedios para sobrellevar los obligados días de cuarentena, ideó una excursión guíada, eso sí, sin salir de casa y con la compañía de los familiares que están con él en el Corralito de Piedra.

Acompañamos, vía telefónica, a Salvo Basile en su innovador viaje y nos reveló las alegrías y los contratiempos que tuvo en el primer día que la implementó, justamente en los inicios del toque de queda.

La motivadora excursión de Salvo inició a las 8:30 de la mañana desde el baño, ataviado con una pantaloneta de delfines y una camisa multicolor, a tono con el Caribe.

De allí, sigue a la cocina de la casa para degustar un desayuno típico, pero allí el viaje virtual encontró la primera contractura con la realidad.

Resulta que en los días previos al toque de queda. Jackeline lemaitre, esposa desde hace 51 años del personaje napolitano, aprovechó las carreras generadas por el coronavirus y lo mandó a hacer mercado, y así estar aprovisionados.

Salvo Basile

“Mi mujer se mamó de este machista que nunca había hecho mercado y todo se lo dejaba a ella, pero por eso mismo la compra que hice fue un desastre: chocolates, pan carísimo, nueces, maní, frutas secas, gelatinas y uno que otro yogurt, en lo que me gasté 300 mil pesos. Así que me tocó comer pan sin los huevos revueltos que tanto me gustan”, dijo.

Allí empezó, según el actor italiano que está próximo a cumplir los 80 años, lo que llamó ‘la venganza de Jackeline Lemaitre’.

Esto se evidenció después del fallido desayuno y en el siguiente paso de la ‘excursión’: Visita a las habitaciones.

“Cuando llegué a la habitación mi mujer estaba en la cama viendo televisión y no aceptó que yo cambiara de canal, primero porque soy medio sordo y tengo que subir el volumen mínimo a 58, y segundo porque estaba en su afán de venganza”, señaló el italiano que dice dar su vida si se la piden por su esposa cartagenera.

La ‘excursión’, sin embargo, seguía su ruta. El próximo paso pactado fue el de Taller de Limpieza, otro intento fallido para el italiano que acompañó a Pontecorvo en la búsqueda del personaje criollo, compañero de Brando, y encontraron en Palenque a Evaristo Márquez.

“Intenté coger la escoba para barrer, como mi mujer lo dispuso, pero no pude. El hombre viejo es estúpido y me dio rabia las veces que pude haber aprendido a limpiar en la huerta que tenemos en la Fundación Corazón Contento, donde sembramos rúgula, albahaca, cilantro, limonaria, cebollín, ají, y nunca quise coger la escoba”, sostuvo.

De todos modos, medio limpió como pudo los cuartos y al llegar a las 2pm la ruta de la excursión se trasladó para la cocina para el siguiente paso: Almuerzo en la cocina.

“A mi me gusta ver televisión italiana y me imaginaba comer ese día un plato que aprendí viendo a un chef italiano: espaguettis con chipichipi y almejas, que es un plato napolitano sin tomate, y en poco aceite, pues las almejas traen su propia agua, pero no, mi esposa me trajo en la bandeja un yogurt y ya”, expresó.

A las 4 de la tarde seguía el próximo destino de la ‘excursión’: Siesta en el sofá, pero allí también hubo imprevistos.

Regularmente, cuenta Salvo, su siesta la hace en una hamaca, y afirma tener el récord mundial de estar acostado en una hamaca: de 4 am a 4 pm, sólo con descansos para ir al baño.

“Mi mujer sabe esto, y justamente ese día, mandó a lavar la hamaca que le compró al utilero (por $300 mil), de la novela La Luz de mis ojos, en el que hice el papel del turco Farid, así que me mandó para el sofá, tal y como decía la ruta de la excursión”, señaló.

El próximo paso fue el que más le gustó a Salvo: Tiempo Libre para Recorrido por pasillos, a las 6 de la tarde, por una razón: tuvo tiempo para dar las clases virtuales de italiano a sus familiares colombianos que no han aprendido el idioma.

Y también porque tuvo espacio en su cabeza para pensar sobre lo que estaba ocurriendo en el mundo.

“De esta crisis global se debe aprender mucho, yo, por ejemplo, me fumé ayer el último cigarrillo de mi vida, aprendí a valorar mucho más a mis seres queridos, a mis amigos que quiero verlos y abrazarlos. Me siento el hombre más afortunado de la tierra por haber llegado a Cartagena, conocer a mi hembra, la mujer más maravillosa de la tierra, por mis hijos sublimes. Al Alcalde Dau lo felicito de verdad y estoy a su disposición para trabajar juntos contra el hambre que va a producir tantas semanas en cuarentena. Seré un soldado más”, subraya.

Mientras dice estas emotivas palabras, su mujer, la cartagenera que lo sembró de raíz en La Heroica, no se olvida del juego que él mismo inventó para el tedio y lo llamó Eran las 10 de la noche y era el paso final: Cena en familia.

“Aquí tienes tu desayuno, y tienes que comértelo”, le dijo. Dos huevos cocidos y una lánguida tajada de plátano maduro.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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