Por su propia voluntad, los campesinos de la Alta Montaña, en los Montes de María, quienes sufrieron en carne propia los horrores de la guerra, hicieron una ‘vaca’ y entregarán este viernes más de 500 mercados campesinos con los productos que ellos mismos cultivan.​

Por: JUAN CARLOS DÍAZ M.

 

Casi veinte años después de haber ocurrido una de las jornadas de violencia más cruel de las que ha vivido el país, los campesinos de la Alta Montaña, en los Montes de María, que comprende poblados como Macayepo y sus veredas vecinas, celebran la vida con un gesto humanitario que los convierte en héroes anónimos en la incertidumbre del coronavirus.

 

Liderados por Ciro Canoles, el campesino que ahora es profesor y que tiene una vocación de líder natural, los labriegos que sufrieron los horrores de la guerra, unieron sus fuerzas y recogieron entre ellos los productos que están en plena cosecha para completar más de 500 mercados y regalarlos en los barrios más necesitados de Cartagena, su capital.

 

Para ellos, aquel aciago 14 de octubre del año 2000, en el que uno de sus propios hijos, el sanguinario Rodrigo Mercado Pelufo, alias ‘Cadena’, irrumpió a nombre de las autodefensas y asesinó a más de 60 de sus paisanos y obligó al desplazamiento de cerca de 300 de ellos, quedó atrás, en un rincón triste de sus memorias.

 

Son gente de fortaleza física y mental, que, una vez pasado el miedo inicial, decidieron regresar a su territorio, a poner el pecho por lo que les pertenecía, a decir que esa cuota de sangre que pusieron con sus familiares y amigos sería el motivo de vida de cada uno de los cerca de 4 mil habitantes que tiene esa zona, y que han logrado soportar hasta los embates de la naturaleza cuando una plaga casi que termina con todo el cultivo de aguacate.

 

“Fue duro, muy duro ver perder las cosechas y mirar caer a los árboles vencidos por una plaga que nadie supo cómo llegó. Pero Dios nos ha llenado de una fortaleza inimaginable y hemos logrado superar todo eso. Hoy, somos felices con lo que tenemos”, advierte Ciro Canoles.

 

Este mismo líder social y campesino de nacimiento fue quien se contactó con los demás labriegos de la región de Macayepo para reunir los productos que a ninguno de ellos les sobra, pero Canoles sabe que en cada uno de estos hombres de monte hay un alma bondadosa con el sentido de la solidaridad muy bien desarrollado.

 

“Veíamos en la televisión que en hay mucha gente que no puede trabajar para llevar el sustento a la casa, nos reunimos y dijimos: esa gente no puede seguir pasando hambre, vamos a ayudarlos”, dice el líder campesino.

 

Y así fue. En esta gesta que tiene mucho de heroica, se unieron: Edgar Benítez (El Limón), Segundo Herrera (San Lázaro), Lucho Barrios (La Sierra), Julio Parra (Arroyo de Venao), Melkis Canoles (Jojancito), Johana Canoles (La Pita), Neyid Tapia (Berruguita), Martha Hernández (La Pita), y los vecinos de Macayepo: Melkis Torres, Marcos Puente, Jhonny Ramos, Kelly Vecino, Manuel Montes y Haroldo Canoles, su primo y compañero de lucha social.

 

LOS CANOLES

 

La familia Canoles, en la Alta Montaña, es reconocida desde hace varios años por esa actitud de liderazgo que tienen ante cualquier circunstancia. Ciro dice que si cualquiera de sus familiares se muda para Cartagena u otra ciudad, al poco tiempo ya está liderando las juntas de acción comunal y está buscando cómo servirle a sus vecinos.

 

“Nacimos con ese don, no me pregunte cómo ni cuándo ni porqué, pero así somos”, afirma.

 

Ciro se graduó como técnico agrícola y como tal enseña en la Institución Educativa Técnica Agropecuaria de Macayepo desde el sexto hasta el undécimo grado, y lo explica con ese sentido del humor montuno que le corre por las venas.

 

“Enseño a inyectar el ganado, a cortarle los cachos, a hacerle limpieza vaginal a las vacas, cortarle los cascos, quitarle los parásitos, a enseñarle cómo se siembra y cuáles son las fases de la luna apropiadas para que germine la semilla, y lo hago con el lenguaje de uno, del campesino, para que aprendan, por ejemplo cuando la luna está en su fase nueva yo le digo que está en de cachito y todos saben a qué me refiero”, sostiene.

 

En la actualidad tiene unas 25 vacas, de las cuales ordeña diez, y de los 20 litros de leche que saca diariamente produce varias libras de queso, que vende en el pueblo, y un poco de suero para el consumo de la familia.

 

“Qué sería el mundo sin el suero”, dice Canoles con su risa eterna puesta.

 

A este profesor, que también advierte que hay que saber de qué murió una vaca para poder saber si se puede comer su carne o no, lo ven en el pueblo como al líder a quien se le consulta de todo.

 

“Me ha tocado aprender de todo un poco, hasta sé atender un parto, por si las moscas a alguna mujer se le da por parir en la madrugada y no hay quien la atienda”, señala.

 

Pero lo suyo, en lo que se mueve como cachama en el agua, es en la parte social.

 

Vecinos de Macayepo aseguran que Ciro Canoles es el que llaman cuando tienen algún problema en la comunidad, cuando alguien requiere atención en salud o cuando requieren que se haga un trámite en El Carmen o en la capital Cartagena. “Conoce a todo el mundo y a él también lo conocen, entonces llama por teléfono y casi siempre encuentra una solución”, dice uno de los habitantes de Macayepo.

 

Incluso, en el pueblo hay un dicho que ya ha hecho carrera: ‘habla con Canoles’, dicen cuando alguien tiene cualquier tipo de impase, desde un televisor dañado hasta una amenaza.

 

LOS ‘PATA DE ÑAME’

Ese liderazgo, de igual manera, le ha servido para causas humanitarias como la que empezó a organizar el pasado domingo.

 

“Antes de hablar con los más cercanos, Haroldo, mi primo, y yo fuimos a la emisora comunitaria para hacer la propaganda de lo que se necesitaba, y en menos de dos horas ya teníamos recogido 30 bultos de ñame, varios de yuca y de plátano”, afirma.

 

Así mismo, acudió al humor cerrero de la zona para conseguir las seis toneladas que llevará a Cartagena.

 

“Mire compadre, nosotros hemos comido mucho ñame y yuca en esta vida, y por eso nos llaman los ‘pata de ñame’, los ‘cabeza de ñame’, los ‘yuqueros’, vamos a darle a otra gente para que también les digan así”, y la mayoría respondía afirmativamente.

 

Pero esta no es la primera vez que los Canoles unen fuerza con toda la comunidad para ayudar a los necesitados por alguna emergencia, siempre con una premisa: ‘¿qué puedo hacer por esa gente?’.

 

La primera vez fue cuando el canal del Dique se desbordó en inundo varias poblaciones de Bolívar, y después cuando un arroyo se salió de cauce y causó destrozos de decenas de casas en San Juan Nepomuceno. En ambas oportunidades lograron reunir más de 4 toneladas de productos.

 

En esta oportunidad, cuando los cultivos ya dieron sus frutos, los mercados son, como dice el propio Ciro: los ‘salvapatria’.

 

“Llevamos buen ñame, bastante plátano, popocho, ajíes, limones, berenjena, mango, yuca, es decir, la base de cualquier plato y lo que nos ha mantenido con vida toda la vida”, asegura.

 

Canoles dice ser afortunado por haber nacido en esa tierra hermosa, pródiga y fértil, en la que dice que si siembra una piedra a los pocos días da sus frutos, y la que es considerada la despensa del departamento de Bolívar.

 

Y todo eso, según su criterio, tiene que ver con la teoría del palo de mango: “si todos fuéramos como el palo de mango, si los gobernantes tuvieran su misma condición, este mundo sería otro”, dice.

 

Y explica:

 “El palo de mango no es egoísta. Cuando ya está lleno, y tiene sus frutos maduros, lo suelta para que todo el mundo coma: los pájaros, los animales de tierra y el propio ser humano. No clasifica a nadie y para él todos somos iguales. Es una gran lección que nos da la naturaleza”, concluye.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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