Rosa Caro, de 82 años, y Georgina Jaraba, de 80, resultaron contagiadas de Covid-19, pero tras varios días de lucha e incertidumbre lograron superar la enfermedad que ha matado a casi medio millón de personas en el mundo.


Por JUAN CARLOS DÍAZ M.


Después de escuchar tantas noticias negativas y desalentadoras sobre el efecto mortal que ha tenido el Coronavirus en todo el mundo, un par de señoras octogenarias en Cartagena de Indias  se encargaron de revivir el optimismo en muchas personas que necesitaban de este tipo de noticias alentadoras.
Se trata de las señoras Rosa Caro, de 82 años y residente en el barrio El Pozón; y Georgina Jaraba, de 80, vecina de Villa Corelca, quienes  resultaron positivas para el Covid-19, pero, ambas, después de más de dos semanas de lucha, lograron vencer al terrible virus que tiene en jaque a la humanidad.
Lo admirables de estas dos matronas fue la entereza con la que afrontaron la enfermedad. Ninguna se opuso a los exámenes médicos, tampoco se echaron a llorar esperando lo peor a causa de su edad, por el contrario, ambas dijeron que iban a dar todo lo que pudieran para soportar este flagelo que azota a más de cien barrios de la ciudad.
Ambas, sin conocerse y sin que se hayan puesto de acuerdo, atribuyen el haber vencido al Covid-19 a la base de alimentación que tuvieron en sus años de juventud.
Rosa, quien es natural de El Carmen de Bolívar y vivió buena parte de su infancia y pubertad en las montañas de La Cansona, asegura que durante muchos años lo que comía era lo que producía la tierra y las zonas montañosas de esa región.
Su hijo Edgar, que sirve de interlocutor y que conoce al dedillo la vida de su madre, asegura que ella se alimentaba de aguacate, ahuyama, maíz, yuca, ñame, y la carne que comía era de animales de monte, como el zahíno, el puerco manao, el armadillo, el ñeque, la guartinaja, entre otros.
Ella no lo niega, por el contrario, lo reafirma. “Yo viví muchos años en el monte, comiendo de manera sana, y sobre todo esperando que llegaran las cosechas de mango, de guayaba, de ciruela, de mamón, para pegarnos una ‘jarteras’ muy grandes”, señala.
Georgina Jaraba, por su parte, no se queda atrás en el mismo tema. Ella nació en el municipio sucreño de Colosó, y también se crió en fincas de la zona. Tuvo 16 hijos, de los cuales le sobreviven 8, y dice que nunca ha sufrido ni de gripa.
“Yo me sembraba lo que iba a comer. Tenía cultivos de hortalizas, de ají, tomate y también sembraba la yuca y el ñame. No recuerdo haberme enfermado en los primeros 30 años de mi vida y creo que lo que me tiene así de fuerte es el ajonjolí que todavía como y me sienta muy bien”, asegura.
EL VALOR  DE GEORGINA
El pasado 16 de Mayo, la señora Georgina Jaraba le dijo a su hija Griselda que se sentía un poco cansada, con dolor en la garganta y con algo de fiebre, lo que prendió las alarmas en su hija e hizo que la llevara de inmediato al CAP de San Fernando.
Allí estuvo durante 4 días en observación, pero cuando los médicos vieron que la fiebre no bajaba y que se podía complicar debido a su edad, la remitieron para el Hospital Universitario del Caribe.
“Hasta allí llegó el acompañamiento de la familia, pues de ahí en adelante todo se tenía que preguntar era por teléfono, pero nos sorprendió el valor que tuvo mi mamá cuando se despidió de mí y me dijo: vete tranquila, que he tomado buen eucalipto con limón en la vida y tengo buenas defensas”, señaló Griselda.
Sin embargo, a los dos días de haberla trasladado hacia el HUC nadie le daba razón de su madre, incluso, le llegaron a decir que una persona con ese nombre no había ingresado al centro asistencial.
Fue cuando se armó Troya. La enceguecida hija se plantó en la entrada principal del hospital y gritó, peleó y se exasperó de tal manera que por poco le da un ataque al corazón, según ella misma relata.
La confusión se aclaró cuando le dijeron que el nombre de la señora sí se encontraba, pero quien escribió el nombre lo hizo de manera ilegible, además le dijeron que no había habido necesidad de llevarla a Cuidados Intensivos.
De los cerca de doce días que la señora Georgina duró en el HUC sólo hubo uno en que complicó un poco por la respiración. Ella cuenta que ese día se estaba ahogando y que tenía la fiebre un poco alta, lo que asustó al cuerpo médico. Sin embargo, la fortaleza y el valor de la octogenaria mujer salió de nuevo a flote y respondió muy bien a los medicamentos.
A los 16 días de estar internada en dos centros asistenciales, fue dada de alta, pues la mejoría era evidente y la segunda prueba del Covid-19 le salió negativa.
“Cuando llegó a la casa lo primero que pidió fue que le hicieran un sancocho de costilla y no dejó ni una cucharada”, dijo su hija.
ROSA LA PRIMOROSA
Rosa Caro vive en uno de los barrios donde el Covid-19 ha atacado con más fuerza y no sabe cómo fue su contagio.
Su hijo Edgar señaló que la llevaron al centro de salud de El Pozón por un fuerte dolor abdominal que no la dejaba casi ni caminar
Todo fue muy rápido, según cuenta su hijo. A las pocas horas de ser atendida en El Pozón comenzaron los síntomas: ahogamiento, fiebre, tos seca, lo que obligó su traslado al Hospital Universitario.
Tras una atención médica por urgencias en el HUC determinaron ingresarla a la Unidad de Cuidados Intensivos para su atención, y a los pocos días la prueba que le realizaron para Covid-19 resultó positiva.
Después de 16 días de angustia, hoy, la señora, que es madre de tres hijos y abuela de siete jóvenes, vive para echar el cuento, sentada en una mecedora en la sala de su casa, según el testimonio telefónico de su hijo.
“Hubo días muy malucos en los que no podía respirar, me estaba ahogando y pensé que iba a morir, pero gracias a Dios la atención que recibí en el hospital estoy viva. Le doy gracias a todos los médicos y enfermeras que me ayudaron y que a todo momento estuvieron pendientes de mí. Me sentí consentida”, señala.
En el hospital, tanto médico, como enfermeras, personal del aseo y vigilantes, la llamaban ‘Rosa, La primorosa’.
Este mismo cuerpo médico y todos los trabajadores del HUC  que estaban presente el pasado miércoles, le hizo una despedida de honor a la mujer que no para de orar por todas esas personas que sufren de esta enfermedad.
Lo positivo de esta historia, de la que las protagonistas son dos valientes abuelas que pasan de los 80 años, es que ninguno de sus familiares ha resultado contagiado hasta el momento.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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