Semblanza de Angelina Cassiani, la negra que adorna carátulas de revistas, postales de la ciudad, afiches y vallas gigantes. Es considerada el ícono de esas mujeres que, con polleras multicolores y una sonrisa eterna en el rostro, reciben al turismo con los brazos abiertos.

Por JUAN CARLOS DÍAZ M.

Hace algunos días, Angelina Cassiani, regresó al Centro Histórico luego de tener más de tres meses de no visitarlo por causa del confinamiento obligado y lo que vio la asustó tanto que de inmediato se regresó para su casa.

Cuenta la mujer, que es considerada la más emblemática de las famosas negras que venden frutas y dulces desde hace varias décadas en Cartagena y varias ciudades del país, que no pudo pasar de la plaza de los Coches.

"Todo estaba vacío, parecía una ciudad fantasma, sin un alma en la calle y con una brisa que parecía que iba a hablar. Les juro que salí corriendo asustada”, señaló.
Desde ese día, asegura la exuberante negra, todos los días le dedica una oración a la ciudad, en la que pide por todos los enfermos por Covid-19, pide por la salud de su familia, de las autoridades, de sus amigos, de los palenqueros  que están regados por toda Colombia y el exterior.

Pero su ruego más íntimo, al que le pone toda su fuerza y su fe es por poder regresar al Centro Histórico de Cartagena, ese lugar mágico y embrujador que a ella le ha servido como su sitio de trabajo en los últimos 20 años de vida.

“Esto ha sido muy duro para mí. Yo salía a las 4 de la mañana de la casa y regresaba después de las siete de la noche, es decir, que la mayor parte de mi vida la pasaba en el Centro, y por eso quiero que todo vuelva a la normalidad, que esto se acabe rápido para no ver eso que vi y que me llenó de miedo: una ciudad solitaria, sin alegría y vacía como nunca soñé verla”, afirma.

Para que sus ruegos sean escuchados, Angelina ha acudido también a la potencia divina de sus ancestros africanos, algo que aprendió desde niña en Palenque, en el que sus orishas y demás dioses de ese mundo ancestral, dice que son los únicos que pueden sacar a la humanidad de este hueco que parece ser más profundo cada día.
"Fíjate que en Palenque no hay ni un solo enfermo, algún poder deben tener esos ritos africanos", afirma.

LA NEGRA DE LAS POSTALES

Angelina Cassiani nació para ser famosa. Es hija de una de las leyendas vivas del folclor, Rafael Cassiani, líder del sexteto Tabalá y quien ha pasado buena parte de los últimos años viajando por distintas ciudades y varios países, llevando la música de Palenque, sus tambores  y su alegría por donde nunca había pensado. Pero ella, y ninguno de sus hermanos, tiene 9 vivos de los 14 que engendraron sus padres, han tenido afinidad con la música.

Desde muy niña, cuando no había cumplido los 13 años, Angelina decidió que lo suyo no era la música ni el estudio, y se dedicó a trabajar. Llegó de Palenque cuando aún el mercado público estaba ubicado en Getsemaní y allí empezó a comprar frutas para venderla en su ponchera en otros barrios.

Desde entonces no ha dejado de trabajar. Cuando trasladaron el mercado a Bazurto cambió su sitio de ventas y se dedicó en exclusiva a vender en Manga y el Pie de la Popa por casi 20 años.
Pero fue una comadre la que le dijo que se dedicara a vender mejor en el Centro Histórico y, con una plata que le prestó la misma mujer, empezó su venta de cocadas hasta el 8 de marzo pasado cuando las autoridades obligaron a todo mundo a confinarse en sus casas.

Allí, en el Centro Histórico, más exactamente en los alrededores del parque Bolívar, donde ha mantenido su sitio de labores, es que la fama le coqueteó a Angelina.
Desde hace diez años, a instancias de Raimundo Angulo, la hija de Rafael Cassiani ha sido la palenquera elegida para la tradicional foto con la reina nacional la mañana siguiente de su coronación, en las playas del hotel Hilton.

“Todo ocurrió porque la reina que escogieron ese año estuvo acompañada para la foto de una mujer que vendía frutas, pero no era palenquera original y eso se lo hice saber a Raimundo, quien me aseguró que si eso era cierto yo era la que iba a posar al lado de la ganadora, y así ocurrió hasta el año pasado”, expresó.

EN REPÚBLICA DEL CARIBE

Angelina vive en el barrio República del Caribe, en las faldas de la Popa. Tiene 4 hijos y 8 nietos, y dice que apenas se termine lo de la pandemia lo primero que hará es buscarle trabajo a su hija Lenny Díaz, quien estudió pedagogía infantil en la universidad Rafael Núñez.

Gracias a la venta de frutas, Angelina ha logrado que todos sus hijos se dediquen al estudio que ella tanto le huyó.

“Yo quiero que ellos tengan más oportunidad y por eso me he esforzado para sacarlos adelante, pero eso sí, siempre les he inculcado que nunca nieguen su raza, su tierra, que no nacieron en Palenque pero tienen la sangre de Benkos Biojó corriendo por sus venas”, asegura.

Con esa férrea voluntad con la que ha criado a sus hijos, Angelina Cassiani también le ha tocado trajinar día a día en un oficio que se está poniendo muy pesado porque cada vez hay más mujeres dedicadas a vender en el Centro.

“Ahora, con lo que está pasando en Venezuela, se han venido todas las hijas de los palenqueros que se fueron para allá. En la actualidad, hay como 70 mujeres que se reparten entre la venta de frutas, de dulces y las que se dedican a cobrar por fotografiarse”, advierte.

Sin embargo, para esta mujer que ha sido portada de decenas de revistas, que ha sido escogida para afiches de múltiples campañas, que tiene su rostro adornando aeropuertos de varios países promocionando a Colombia, ellas no son sus grandes problemas.

Según Angelina, y esperando que todo vuelva a la normalidad en poco tiempo, es indispensable que se organice un gran proyecto para que el gremio de palenqueras tenga solidez institucional y no sigan como ahora que son utilizadas como una decoración más de la ciudad.

En ese sentido, Kairen Gutiérrez, con sangre palenquera y actual directora del Plan de Emergencia Social Pedro Romero, de la Alcaldía de Cartagena,  quien es reconocida por la lucha que ha librado para potenciar la labor de estas mujeres, asegura que ya llegó la hora de cambiar el chip en torno a ellas y dejar de mirarlas como un disfraz.

“Tenemos que hacer entender a la gente que una palenquera es una mujer, es mamá, es tía, es abuela, tiene familia, sueños, deseos, se enferma, llora y ríe. Una palenquera es algo más que un objeto decorativo”, afirma.

Angelina, con una sonrisa enorme y sincera, la apoya: “Yo lo único que quiero es que nos organicemos para no ser la parte más débil de la pita, y que nos dejen trabajar, que nosotros no le hacemos daño a nadie”, subrayó, mientras sigue invocando a sus dioses para acabar con la pandemia.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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