La pandemia que azota a todo el mundo y que ha golpeado a Cartagena con mucha fuerza, ha hecho recordar las gestas heroicas de una ciudad que no se ha dejado vencer ni por ignominiosos sitios ni por voraces pestes.

 

Por JUAN CARLOS DÍAZ M.

La Ciudad Heroica cumple 487 años en medio de una de las más profundas crisis sanitarias que ha golpeado al mundo, y esta fecha sirve para recordar que así como en otras épocas se ha podido superar ataques armados y pandemias devastadoras, hoy hay plena fe en que una vez más la vida le ganará a la tragedia.

En su calidad de ciudad puerto y que en época colonial era considerada la Puerta de Las Américas, la ciudad que habitaron los indios Kalamary ha estado siempre en la mira de conquistadores, corsarios, piratas y también ha servido de caldo de cultivo para que varias de las grandes pestes que han azotado a la humanidad entren a su suelo sin ninguna clase de contemplación.

Conocidos a plenitud son los diversos asedios y ataques contra la ciudad Heroica, Por Vernon, Morillo, el Barón de Pointis, entre otros, además de las varias batallas independistas que libró, pero, de la misma manera, la ciudad ha sufrido otro tipo de golpes con las enfermedades, hambrunas y pestes que dejaron mucho dolor y muertes por doquier.

El historiador Javier Ortiz ubica este tipo de golpes contra la población desde la misma llegada de los conquistadores que trajeron consigo enfermedades que no encontraron anticuerpos en los nativos y diezmaron a gran parte de la población.

En efecto, si en algo coinciden historiadores y demógrafos es que las enfermedades infecciosas inexistentes en América, portadas por los colonizadores europeos, principalmente la lepra, la viruela, el sarampión y la sífilis, fueron el principal factor del colapso que afectó a la población indígena americana, que no poseía defensas contra las mismas.

Según Ortiz, en las excavaciones que se han hecho para restaurar iglesias y conventos en Cartagena se han encontrado centenares de restos humanos, principalmente de niños, lo que hace suponer que fueron atacados por alguna de las enfermedades que llegaron con los colonizadores europeos.

LA VIRUELA

Pero fue el siglo XIX en donde la ciudad sufrió los más grandes estragos y en la que muchos de sus hijos murieron y dejaron a la ciudad diezmada en grandes proporciones.

Aparte del Sitio de Morillo, en el que se estima que entre 4 mil y 6 mil cartageneros  (según el censo de la época en Cartagena residían 18 mil personas) perdieron la vida defendiendo a la ciudad y muchos prefirieron morir de hambre antes que entregarse al enemigo, Cartagena fue una de las ciudades colombianos que en mayor rigor sintió el arribo de la viruela y del cólera.

Aunque se estima que la incidencia de la viruela fue desde 1822 hasta 1842, el pico de contagiados y muertos fue en 1840. Sólo en el arrabal de Getsemaní, uno de los 4 barrios que existía en la ciudad, murieron 270 personas a causa de la viruela, según el investigador Javier Ortiz.

En un trabajo de investigación por parte de las historiadoras Andrea Miranda, Berena Pacheco, Wacely Matute, recogidos en el libro ‘La ciudad en tiempos de epidemias’, se hace un registro de la prensa local de la época, en este caso El Tiempo de Cartagena:

“No puede ser más triste y desesperada (la situación) que tenemos en las actuales circunstancias. Después de las calamidades que sufrimos con la epidemia de viruelas que se nos ha propagado de un modo aterrador…cuando por todas partes no se oye mas que las voces lastimeras de las viudas, del huérfano, de la madre, que desconsoladas lloran las pérdidas de los objetos más queridos de su corazón: cuando el comercio, la agricultura y las artes y demás ramos de utilidad común huyen despavoridos de nuestro suelo…”.

Los estragos de la viruela sólo fueron controlados cuando llegó la vacuna que había sido descubierta a finales del siglo anterior por Edward Jenner, sin embargo, en Cartagena, la cura se le atribuyó a la ‘mediación’ del Cristo de la Expiración para desaparecer la enfermedad en el Corralito de Piedra.

“A Él (el Cristo) se le atribuye el milagro, después de una novena y de nueve procesiones, de desterrar en una terrible epidemia de viruela que había azotado a la población durante varios meses”, señala un escrito atribuido a la parroquia de Santo Domingo, lugar dónde se encuentra el Cristo, cuya presencia en ese lugar también es objeto de otra leyenda.

LA EPIDEMIA DEL CÓLERA

El director del Museo Histórico de Cartagena, Moisés Alvarez, que para la época en que Cartagena sufrió el pico más alto y destructor de la epidemia del cólera, en 1949, era una ciudad devastada física y económicamente, pues aún no se había recuperado del Sitio de Morillo y de la presencia de la viruela.

“Era una ciudad devastada, con unas condiciones paupérrimas de salubridad y con el comercio obstruido por el abandono del canal del Dique que no permitía el paso de buques mercantes. En pocas palabras, la ciudad estaba sin signos vitales”, señaló.

Al igual que el coronavirus de hoy día, ante la aparición del cólera se tejieron diversas versiones sobre su origen y, por supuesto, sobre su cura.

Señala Alvarez, que a raíz de dos embarcaciones que tuvieron que llegar de urgencia al puerto con tres enfermos de cólera y que murieron en pocas horas, se conoció que en la mañana habían consumido bollo de yuca, lo que de inmediato originó el rumor que la yuca brava era la causante de la peste.

“La ciudad, que era gran consumidora de casabe, de enyucao y de todos los productos que tenían como base la yuca, dejó de comerla por un buen tiempo”, advierte el director del Museo Histórico.

Y también, a causa de otro rumor de ‘radio bemba’, se dictaminó que el mal estaba en el aire y que la única forma era la de purificarlo con pólvora.

“Cada quince minutos disparaban los cañones para purificar el ambiente, así que, además del miedo por el contagio, los habitantes de Cartagena no podían dormir ante el sonido estruendoso de los cañones”, explicó.

Señala Javier Ortiz que ante el abandono del cargo, se dice que por miedo al contagio, del gobernador de Cartagena, José María Obando, le tocó asumir al general Juan José Nieto, quien fue la persona que le puso el pecho a la brisa de la pandemia y tomó el control de la ciudad.

Y, como siempre, a juzgar por las memorias escritas por el general Joaquín Posada Gutiérrez, titulado Historias Políticas, la mayoría de los muertos los puso la población negra y pobre.

“En el fondo, estas pandemias que han llegado a la ciudad sí han sido discriminatorias, pues los más afectados siempre son los más vulnerables, los que viven en precarias condiciones de salubridad”, afirma Ortiz.

Sin duda, de todas las pestes que han atacado a Cartagena, la más pavorosa por virulencia y rapidez de progresión fue la del cólera, que mató a la tercera parte de la población. En algo más de cinco semanas, Cartagena, que estaba conformada por tres barrios: Catedral, Santo Toribio y Trinidad, donde se alojaban 12.000 habitantes, vio morir a 4.000. Algunos afirman que fueron 6 mil los muertos.

Por eso, para el historiador Moisés Alvarez, si hay una ciudad en Colombia que ha sabido levantarse de sus cenizas y ha logrado superar tanto los avatares de las guerras como los violentos sacudones de las pestes.

“Cartagena siempre ha salido adelante y hoy, más que nunca, necesita el apoyo moral de todos sus hijos, la fuerza infinita del amor por ella, para volver a salir heroicos de este trance”, subrayó.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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