Especial por Emilio Cabarcas

La carrera contra el hambre no da tregua. Cientos de familias que dependen de la economía informal pasan días amargos desde que el 24 de marzo se decretó el estado de aislamiento preventivo obligatorio por las autoridades colombianas. 

Ayudas humanitarias que resultan insuficientes, hacinamiento, precarias condiciones sanitarias, poco acceso al agua potable y el hambre que acecha a la vuelta de la esquina, hacen que estas personas dependan casi por completo de la intervención gubernamental y de la filantropía ciudadana, que una vez más ha demostrado lo buenos que podemos llegar a ser en épocas de calamidad. 

El cartagenero Roos Morales lo ha demostrado así. Este comunicador social y cocinero de 35 años ha llevado comida permanentemente a 600 niños de Isla de León, un asentamiento empobrecido que colinda con la Ciénaga de la Virgen, al suroriente de la ciudad. 

La historia detrás del héroe de las sonrisas

La historia de vida al servicio de los demás, en el caso de Roos, se remonta a su adolescencia, cuando soñaba con ser sacerdote y visitaba barrios en condición de vulnerabilidad para ayudar en labores sociales. 

Hace cuatro años, durante la temporada de invierno, los pobladores de Isla de León se encontraban literalmente con el agua hasta el cuello. Fue durante este período donde Roos decidió que ese sería el epicentro de su trabajo comunitario.

“Cuando me enteré de la situación decidí visitar Isla de León. Solo tenía seis mil pesos (1,5 dólares), con todas las dudas y adversidades a cuestas fui en compañía de una amiga. En 20 días organicé una campaña que llamé El Sancocho de la Alegría. Recibimos donaciones e hicimos nueve ollas de sancocho para todos los niños del sector”, comenta.

Dos años después, nacería la Fundación Sonrisas de León. Brindar acompañamiento social, alimentario, psicológico y social a niños, adolescentes y adultos mayores se ha convertido en la lucha que abandera Roos contra viento y marea. 

Cocinar a la intemperie con utensilios prestados y cocinas de leña improvisadas, no fueron suficientes escollos para detener la voluntad de este hombre de apariencia inquebrantable. Las historias de niños que viven con hambre, como una enfermedad que mata a 8.500 niños por día, según UNICEF, son el motor de esta clase de iniciativas. 

Cambiando vidas, cambiando historias

La Fundación Sonrisas de León inició entregando almuerzos para cerca de 80 niños. Hoy son 600 niños beneficiados en toda la comunidad. Actualmente, a diferencia de 2016, época de la primera visita de Roos a este barrio, los casos de desnutrición infantil se redujeron hasta en un 90%, según nos comenta.

Aunando esfuerzos entre todos, pudieron construir una vivienda en el año 2018 para una familia necesitada. “La construcción de viviendas, hace parte de nuestro objeto social, queremos seguir construyendo más casas para los habitantes de la comunidad”, asegura Roos. 

Este año, además, empezaron a enseñarle inglés a los niños. El deseo de la Fundación es que Isla de León sea conocido como el primer barrio completamente bilingüe de toda Cartagena. 

De las historias que más impactaron la vida de Roos, en sus primeros acercamientos a esta comunidad, está la de un niño que encontró casi muerto. Cuando lo conoció tenía una lesión aguda en la piel, lo llevó a la clínica y levantó la voz frente a las autoridades médicas que habían permitido que avanzara la enfermedad hasta el estado crítico. 

“Recuerdo que mi voz fue escuchada y el niño pudo contar con una atención especial. Al salir de la clínica, gracias al buen corazón de un donante, pudimos reconstruir la casa del niño y toda su familia. Hoy es un niño sano y feliz”.

Las sonrisas continúan en medio de la crisis

La alimentación de cientos de familias de Isla de León se ha visto afectada debido al aislamiento social como medida de prevención del COVID-19 (SARS - COV 2). Con la imposibilidad de salir de casa, estas familias que dependen exclusivamente de los ingresos generados en el trabajo informal (más del 60% de los cartageneros trabajan bajo esta modalidad), han vivido semanas entre la angustia y la desesperación.

“La primera semana de cuarentena entregamos bolsas con insumos para que los padres prepararan alimentos a los niños en casa. Nosotros como fundación suspendimos nuestra cocina por recomendación de las medidas establecidas por el Gobierno Nacional. Sin embargo, las siguientes semanas se hicieron más complejas y no queríamos quedarnos con los brazos cruzados”.

Para los niños de Isla de León cada plato de comida que les brinda la Fundación es un escape al fantasma de la desnutrición. Es por eso que Roos ha decidido continuar llevando almuerzos a los 600 niños que en muchas ocasiones ven en esta ración de comida la única posibilidad de ingerir alimentos. 

“Siempre he considerado que cada quien da lo que tiene en su corazón. Muchos hemos decidido durante la cuarentena salir a las calles sin importar el riesgo. El amor y el deseo de servir es nuestra única motivación.Todos podemos ayudar, no hay excusa ni justificación válida para dejar de hacerlo.”

Aquellos que como Roos deseen sumarse a esta iniciativa pueden donar alimentos, dinero o su trabajo para continuar ayudando a más y más personas durante este período de crisis.

En estos momentos donde los recursos escasean y las fuerzas se reducen, solo la unidad en favor de otros puede ser el barco que nos conduzca a buen puerto, y así de una vez por todas atraquemos en las orillas de bahía esperanza.

Comunicaciones

Departamento de comunicaciones de la Alcaldía Mayor del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias.


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